viernes, 29 de octubre de 2010

Las marimbas del infierno

La película Las marimbas del infierno, ganadora del octavo Festival Internacional de Cine de Morelia, en la categoría de mejor largometraje

Fuente: Reforma
¿Cómo se combina el estruendo del sonido de la música heavy metal con el de las dulces maderas de una marimba? La historia de esta fusión aparentemente imposible es narrada en un falso documental, la película Las marimbas del infierno, ganadora del octavo Festival Internacional de Cine de Morelia, en la categoría de mejor largometraje.
El director de la cinta, Julio Hernández Cordón, plantea que una de las imágenes disparadoras de esta propuesta fue una noticia que leyó sobre Roberto González, "el Blacko", líder de un viejo y legendario grupo del underground guatemalteco: Los Guerreros del Metal. La nota decía que Blacko era evangélico y que había fundado una iglesia para jóvenes metaleros o rockeros. Vestidos con camisas negras se reunían en un local en donde el púlpito era una guitarra eléctrica de madera.
Blacko, a sus 56 años, es un hombre barbado de cabellera larga, que mantiene una actitud desafiante y ruda. Julio Hernández sabía que era un personaje de película pero no se atrevía a abordarlo. Además de ser músico, Blacko también estudió medicina, pero no pudo ejercer esa profesión ya que lo inhabilitaron por usar tatuajes. Hernández lo conocía de vista. En una ocasión lo siguió hasta su casa pero no se atrevió a tocar la puerta. Pasó un año hasta que por fin le propuso que fuera protagonista de una película.
Por otra parte, un personaje completamente distinto también atrapaba la atención de Julio Hernández. Estamos hablando de Alfonso Tunche, un músico que toca la marimba, el instrumento nacional de Guatemala que para efectos prácticos es una reliquia. Nadie contrata ya sus servicios. Patéticamente arrastra su marimba por las calles. Los jóvenes no se interesan en su música. Sin embargo, persiste en el empeño de conservar la marimba. En este sentido Blacko y don Alfonso, a pesar de vivir mundos y respiraciones tan distintas, comparten una actitud vital. Dice Hernández: "En cierta forma, ambos son rockstars, pues viven haciendo lo que aman, a pesar de que eso no los hace ricos".
El tercer personaje que entra en juego es un muchacho llamado "el Chiquilín", que pertenece a la cultura de los maras, las violentas pandillas centroamericanas identificables por sus tatuajes. Así empiezan las más extrañas fusiones que se dan precisamente en la marginalidad. Julio Hernández mezcla los problemas cotidianos que viven sus protagonistas (algunos reales, otros inventados). Cuando Blacko y don Alfonso se encuentran surge la idea de hacer una banda heavy metal en donde jueguen también los sonidos de la marimba. Los primeros ensayos son sorprendentes por decir lo menos. Se crea el grupo Las Marimbas del Infierno. Los dos músicos de capa caída, y de culturas tan distintas, saben bien cuándo alguien conoce su oficio, independientemente de sus filias y fobias.
¿Logrará esta fusión salvarlos?
El gran acierto de Julio Hernández es la conjunción de personajes memorables que encierran detrás de sus miradas una explosividad quijotesca y trágica. En ello sigue las grandes lecciones del cine neorrealista italiano. Con pocos recursos se pueden contar grandes historias. De hecho, la falta de experiencia de sus actores la convierte en una ventaja. Uno de los momentos más divertidos de esta película se da cuando "el Chiquilín" -como si fuera un representante artístico- está tratando de conseguir al grupo una presentación en un programa de radio en el que se dan cita, para tocar en vivo, varios conjuntos de marimbas. "El Chiquilín" presume que su marimba es heavy metal. Hernández no le dice al Chiquilín lo que entonces le va a preguntar otro actor: "¿Qué tipo de heavy metal tocan? ¿Thrash metal? ¿Metal progresivo? ¿Metal gótico? ¿Funk metal?".
Abrumado y desconcertado, "el Chiquilín" improvisa y alcanza a responder: "Heavy metal en general".
Un falso documental se vuelve así un retrato de las historias inverosímiles pero reales que se expresan con fiera intensidad en mundos marginales que, sin embargo, conservan esquirlas de belleza y creatividad.
José Gordon

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